¿Cuándo ir al psicólogo? 10 motivos para iniciar una terapia

By: | Tags: | Comments: 0 | marzo 6th, 2016

A lo largo de la vida, con cada paso que damos en nuestro camino, nos podemos encontrar con obstáculos, problemas o situaciones que nos generan malestar. Y es en esos momentos complicados, en los que nos planteamos si sería necesario ir al psicólogo.
Por ello, a continuación, se recogen los motivos más comunes por los que se suele iniciar una terapia, ya sea en niños, adolescentes o adultos.

 


Adultos _ ¿Cuándo ir al psicólogo? 10 motivos para iniciar una terapia.

Si bien es cierto, aunque existen múltiples y variados motivos por los que una persona decide iniciar una terapia en su etapa adulta, se intentan recoger aquellos que resultan más comunes y se dan con más frecuencia en la práctica psicoterapeútica.
1.- Se produce un cambio, situación difícil o conflicto que produce malestar en la persona que lo sufre. Pero no es un estado de ánimo bajo que se produce de forma puntual, no son dos días malos, sino que el sufrimiento perdura en el tiempo y se vuelve algo continuado.
2.- El malestar emocional o el problema que nos afecta interfiere de manera importante en nuestro día a día, en la familia, la pareja o en el trabajo.
3.- Hemos intentado encontrar una solución al problema o la descompensación  emocional (tristeza, ansiedad, estrés, irritabilidad,…) por nosotros mismos o con  ayuda de amigos y familiares sin éxito.
4.- Se ha llegado a un estado de desesperanza crónico en el que no encontramos la forma de solucionar nada o no nos sentimos capaces de ello, viendo más el lado negativo y oscuro de la vida.
5.-  Nos encontramos en un estado constante de alerta, irritabilidad o a la defensiva, sin poder descansar y relajarnos. Peleamos y tenemos conflictos con los demás frecuentemente.
6.- Sentirnos tristes de forma continua, apáticos, no disfrutar de actividades que en el pasado nos resultaban placenteras, estar sin ganas de nada, desmotivados por todo, etc.
7.- Síntomas de ansiedad o estrés: problemas gastrointestinales, dolor de espalda, insomnio, problemas de concentración, constante preocupación, miedo continuado e irracional a que pase algo malo, crisis de angustia, etc.
8.-  Obsesiones o ideas que no nos podemos quitar de la cabeza, que interfieren en el día a día y que, incluso en algunos casos, te llevan a limpiar algo de forma repetitiva (las manos, la cara, la ropa,…), miedo irracional a contagiarnos por todo, tener rituales de comprobación (comprobar cierre de la puerta, el gas,…) y que no podemos dejar de hacer.
9.- Haber pasado o estar pasando por una situación dolorosa, como la muerte de un ser querido, un divorcio, enfermedades crónicas, etc.
10.- Ir al psicólogo para problemas más leves o para potenciar determinadas habilidades. Por ejemplo, la persona que no tiene ningún problema grave pero quiere mejorar sus habilidades para hablar en público. Otro ejemplo, la persona se encuentra bien consigo misma pero quiere mejorar su ansiedad ante los exámenes.
Por todo ello, hay que tener en cuenta que cada persona es única y diferente, y sus motivos también lo son.  Pero a todos ellos, tomar la decisión de ir al psicólogo les va a proporcionar una ayuda, orientación o acompañamiento, que tratará de dotarles de las herramientas y estrategias necesarias, dirigidas a obtener un mayor bienestar personal y mejorar su calidad de vida.

 

 Y en el caso de niños y adolescentes ¿cómo saber si necesitan ir al psicólogo?

Normalmente son los padres o la escuela quienes primero notan un cambio en el comportamiento del niño o del adolescente que les resulta preocupante.
Entre los cambios que suelen notar tenemos:
  • Presenta problemas de conducta. Se muestra desobediente, oposicionista, no cumple con las órdenes, se salta habitualmente las normas o límites que establecen los padres.
  • Expresa pataletas y rabietas de alta duración e intensidad y tiene poca tolerancia a la frustración.
  • El niño o joven no se adapta a un nuevo colegio o situación personal (nacimiento de un hermano, divorcio de los padres, traslado, etc) mostrándose tímido, inseguro o agresivo.
  • Ha habido un cambio en su forma de comportarse o en su forma de ser habitual. Por ejemplo, pasando de ser un niño alegre y jovial, a estar apático y con cambios de humor.
  • No duerme o no come bien.
  • Se encuentra demasiado activo e inquieto.
  • Se le ve apagado, triste y desmotivado.
  • Se muestra inseguro y con una baja autoestima.
  • Tiene problemas en el colegio o mala relación con sus compañeros.
  • Su rendimiento académico ha disminuido sin motivo aparente, se distrae y le cuesta centrarse en los estudios.
  • El niño o joven se encuentra en constante estado de alerta, está demasiado nervioso y continuamente preocupado porque pase algo malo.
  • También, en adolescentes, que haya una mala relación y conflictos constantes con los padres. Ha cambiado de amistades y forma de divertirse.
Otro de los aspectos más relevante a tener en cuenta es que los padres o profesores han intentado solucionar el problema, pero ya no saben cómo afrontar la situación. En estos casos, es recomendable ir a un psicólogo que facilite a los padres las pautas necesarias y al niño/adolescente las técnicas, adaptadas a su edad, que le ayuden con el problema.
 img Silvia Guinea Castany
Psicóloga. Colegiada M-23.273
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